En el mes de junio, tuvimos el honor de recibir a la docente Inés García Fronti, doctora en Contabilidad de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Máster en Tecnología de la Educación (Universidad de Salamanca). Entre sus actividades como directora del Centro de Investigación en Contabilidad Social de la UBA y ejercicios de consultoría, investigación y docencia en grado, posgrado y doctorado, García Fronti nos visita en FCEA para dar el taller de Ética y Responsabilidad Social que se da en conjunto con la Maestría en Gerencia y Administración (MBA) y la Maestría en Finanzas.
García Fronti comenzó a formar vínculos con la Universidad de la República (Udelar) hace más de 15 años, a través de docentes como Walter Rossi y Carolina Asuaga, y luego de participar en programas como los de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM), fue invitada para dictar el taller de Ética y Responsabilidad Social en FCEA, además de asesorar el área de investigación en contabilidad de la Facultad durante todo el año.
Sobre el taller de Ética y Responsabilidad Social, Inés nos cuenta que se realizan debates sobre dilemas éticos organizacionales, se hacen análisis y diálogos con grupos de interés, análisis de materialidad y de estrategia y organización, todas herramientas que utilizan las grandes empresas pero que impactan en la cadena de valor de empresas chicas, al igual que en el sector público. Uno de los aspectos más destacables del estudiantado es que provienen de diferentes perfiles, tanto de las carreras propias de FCEA como de ingeniería y bioquímica, lo que contribuye a enriquecer los encuentros en clase y trabajos sobre enfoques ambientales.
Uno de los puntos que trata el curso es el de la ética organizacional, que implica el cumplimiento de cuestiones morales dentro de la organización. García Fronti explica que funciona si está incorporada en la dirección, es reflejada en la toma de decisiones y es transmitida a la totalidad del personal. En este sentido, cualquier empleada o empleado de una empresa conocería el código de ética, en vez de ser una tarea que realiza una única persona para cumplir con los parámetros adecuados. En otras palabras, esto significa que debe formar parte integral de la cultura organizacional, es decir, de los valores, normas y prácticas que definen a la empresa.
En esta línea, la docente cuenta que el modelo ideal son las organizaciones de triple impacto, que miden su éxito no sólo en relación a parámetros económicos sino también de sostenibilidad ambiental y bienestar social. Sin embargo, lo que suele suceder es que las empresas comienzan buscando rentabilidad e incorporan la ética y responsabilidad social más adelante.
Estos aspectos conforman el ADN sustentable de la empresa, es decir, la integración de criterios ambientales, sociales y de gobernanza como propósito que guía las acciones, la toma de decisiones y la estructura de una empresa. Para que se considere que una empresa tiene una estrategia sustentable, todos los cargos deben ser atravesados por ella; García Fronti resalta la importancia de lograr este ideal, ya que es proactivo y le otorga un diferencial tanto a las y los profesionales como a la empresa.
En este sentido, Inés destaca que el área de compliance, que es la forma en que las organizaciones formalizan la necesidad de gobernanza y desarrollo sostenible, es cada vez más representada por las y los cursantes del taller. Para un área que no solía verse con frecuencia en Uruguay, esto implica una creciente preocupación organizacional por los impactos en la sociedad, las comunidades, las y los colaboradores y el ambiente. El taller trabaja en bajar esta información a indicadores.
Las empresas que utilizan herramientas como análisis de materialidad demuestran una escucha a lo que los diferentes grupos de interés piden y una intención de que forme parte de la estrategia. Si tanto la ética organizacional como la responsabilidad social están incorporadas a la cultura organizacional, se refleja en la manera en que se presenta la información.
Con respecto a las complejidades de esta tarea, García Fronti comenta que en general las direcciones están acostumbradas a cumplimientos legales que no incluyen sostenibilidad y se genera una necesidad de subir rápido de nivel, muchas veces porque tener un sello de sostenibilidad es requerido, por ejemplo, para poder exportar. En este sentido, es necesario reconocer que los indicadores deben corregirse con conversaciones y trabajo meticuloso.
Por otro lado, la docente nos cuenta que uno de los desafíos en Latinoamérica es crear un ADN sustentable también en las empresas chicas. Entre algunas de las estrategias, lo fundamental es que las Pymes reciban ayuda y no se les exija cumplir con requisitos de multinacionales por su cuenta. Las empresas grandes, para asegurar su comportamiento ético, se ven obligadas a capacitar gratuitamente a sus proveedores pequeños. Inés enfatiza la necesidad de un rol activo del gobierno que articule entre empresas grandes y chicas, para poder generar ecosistemas y talleres de aprendizaje.
Por último, es destacable que la preocupación ambiental también se ve reflejada en los intereses de las y los cursantes al elegir temas de tesis; García Fronti explica que gran parte realizan planes de negocios para empresas reales que incorporan la sostenibilidad en la práctica. Esto no solo demuestra el interés del estudiantado, sino también la relevancia al interior de las organizaciones que activamente buscan cómo incorporar enfoques ambientales.
